lunes, 2 de marzo de 2015

Yo tengo razón, pero tú también (científicamente demostrado)

Ha saltado desde las redes sociales la imagen de un vestido de boda que unos lo ven blanco y dorado y otros azul y negro. Yo había visto la imagen y elucubraba acerca del porqué había algunas personas que lo veían de otro color ¿la imagen, el brillo, la situación?.

Mi asombro llegó en una cena el pasado sábado, con unos 13 amigos,...cuando uno sacó el móvil con la famosa imagen. En el mismo dispositivo, sobre la misma mesa, con la misma iluminación hay quienes lo veíamos claramente blanco y dorado mientras que otros lo veían azul y negro con la misma claridad. Distinto sexo, distinto color de ojos,...no había ningún patrón que te situara en un bando, pero cada uno aseguraba verlo de su color sin dudar. Lo más curioso es que alguna del grupo
lo veía de color distinto a como lo había visto por la mañana, con lo que sacó su móvil con la imagen que a ella le mandaron y, para sorpresa de todos y especialmente suya, el vestido que por la mañana veía azul por la noche lo veía blanco.

Al extraño fenómeno han seguido en las redes sociales una inmensa cantidad de explicaciones científicas, pseudocientíficas, y hasta ridículas. Los conos y bastones de los ojos, el giro del móvil, la capacidad visual, la inteligencia, el estado emocional...

Sin entrar en detalles, les diré que no es un tema del ojo, sino del cerebro. Los colores los percibimos comparando con el eje cromático de la luz diurna. Así, cuando vemos bajo luz artificial (que todos sabemos que un color no es igual que en el exterior) nuestro cerebro resta los grados de diferencia en la escala cromática y nos hace percibir el color como lo tenemos asimilado (algo así como hacen los cámaras de televisión antes de grabar, que enfocan un color blanco para ajustar la gama cromática). En la famosa foto del vestido no hay punto de referencia, con lo que unos cerebros interpretan, de forma inconsciente, que está iluminado por la luz solar y otros por luz artificial, con lo que al restar la diferencia cambia el color percibido.


Un ejemplo evidente es este tablero de ajedrez: los cuadros Ay B tienen la misma tonalidad como se puede comprobar con la segunda imagen.





Fuera de la parte científica, yo saqué una conclusión mucho más importante y directa de aquella velada: nadie es poseedor de la verdad, y a la vez puede haber verdades diferentes e incluso opuestas. Tratemos de ponernos en el lugar del otro, aunque para nosotros sea evidente nuestra verdad. La empatía es una de las mayores muestras de inteligencia. Y les sugiero cojan la imagen del vestido (que por cierto, en la tienda es azul y negro) y utilícenla en un encuentro animado de amigos...luego guárdenla con las conclusiones y remírenla en la próxima discusión de pareja, sobre política, etc, aumentarán los acercamientos.