martes, 8 de julio de 2014

Aprendiendo entre rejas...

La semana pasada estuve en el Centro Penitenciario Jaén II. Yo nunca había estado en un centro penitenciario, ni siquiera de visita, y he de confesarles que ha sido una experiencia. ¿Y a qué fui a la prisión?, pues gracias a que los profesores José Manuel Fuertes y Andrés Medina me dieron la oportunidad de dar una ponencia a internos del centro, bajo el paraguas del centro asociado de la UNED en Jaén.

Impresionan las medidas de seguridad que comienzan semanas antes solicitándome documentación, que me permitió identificarme al llegar al Centro. El profesor Joaquín Arias me esperaba a la entrada, pero nada de lo que te explican es como lo que captan los sentidos: ir atravesando inmensas rejas, que se abren a tu paso con estruendo, no sin esperar a que se cierre la reja anterior, y previa identificación reiterada ante diversos funcionarios. Y entre puertas de rejas alguna puerta maciza, con una sirena roja que suena mientras se abre y hasta que cierra, sensaciones, sonidos, …hasta que llegas a una galería, y de nuevo inesperada visión, paredes enormes pintadas de muchos y agradables colores, espacios muy abiertos y al fondo un grupo de alumnos esperan ante un aula. Y lo cierto es que ya en el aula, y con los alumnos, la situación es idéntica a cualquier curso de verano. Los cerca de 60 asistentes atentos, interesados, preguntando; cordialidad, educación y respeto a partes iguales. Personas que por circunstancias de la vida, por un error, por el entorno, están privadas de algo tan importante como la libertad.

Mi mayor reto era hablarles de las redes sociales, con dos inconvenientes importantes. El primero que ni había internet en el aula ni ellos tenían acceso a la red de redes en ningún momento en la prisión. Eso era como enseñar a jugar al fútbol sin balón ni campo. Pero lo más complicado era hablar de redes sociales a reclusos que podían llevar allí más de los 7 años que lleva Facebook en España o los 5 de twitter. Pero como toda dificultad se tornaba en la ventaja de ser sus ojos en un mundo que no ven, y al que van a llegar, y tratar de hacerles ver las nuevas oportunidades que había esperando fuera, a sus capacidades.  

Como cada nuevo curso, no tengo claro cuánto aprendieron de mi, pero sí cuánto aprendí de ellos y con ellos. La despedida te encoge el corazón, pues toda docencia genera un vínculo, pero al ir atravesando las rejas hacia fuera ibas abriendo a la vez la mente, las ideas, el corazón, valorando algo tan esencial como la libertad, y pensando en esos reclusos que ni la tienen ni algunos ni la tendrán en mucho tiempo según me dijeron. Desde mi humilde opinión creo que permitirles acceso a internet con las restricciones adecuadas a cada caso, sería una ayuda a la reinserción , una ventana al mundo real de este lado, desde donde las cosas se ven de otra manera, pero desde el que debemos repartirles caridad y ayudarles a volver, y como dice la frase: no juzguemos su camino sin haber llevado sus zapatos.